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Durante
la primera mitad del siglo XIX, la comarca padeció una
serie de temblores de tierra', siendo premonitorios de lo acontecido
en Marzo de 1829. El 21 de ese mes, así como al mediodía
se oyó un pequeño temblor de tierra; un poco antes
de anochecer, a las 18:30 horas, otro más fuerte que
todos los anteriores, y a pocos segundos uno tan extraordinario,
que asoló Almoradí, Benejúzar, Rojales
y Torrevieja, sufriendo grandes daños otros pueblos de
la comarca.
El Lunes
23 de Marzo el señor Obispo D. Félix Herrero
Va/verde visita los pueblos afectados, aunque Benejúzar
le cogía de paso comenzó visitando Almoradí,
el más dañado.
Allí
se encontró con una montaña de escombros formada
por sus 300 casas, hermosa parroquia y convento, como pudo
los consoló, y a las doce del medio día partió
para Benejúzar, que distaba una hora de camino: "...
igual en todo es la pintura de este pueblo a la de Almoradí...
Ya habían sacado de entre las ruínas .56 cadáveres
y creían que pasaría de los 100... "
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Una vez
visitados todos los pueblos dañados y evaluando la
gravedad de la tragedia, el señor Obispo envió
carros con víveres, pólvora, vinagre y bombas
de apagar incendios, éstas últimas para rociar
a los fallecidos, a su regreso los carros portaban heridos
al Hospital de San Juan de Dios en Orihuela.
El primer
paso fue socorrer a los heridos y al resto de los supervivientes,
y seguidamente reconstruir los daños e intentar recuperar
las cosechas.
La llamada
a la solidaridad por iniciativa del Señor Obispo tuvo
una rápida respuesta llegando donativos de toda España,
colaboración del ejército e incluso el propio
Monarca D. Fernando VII donó una gran cantidad de dinero
de sus propios caudales.
D. Juan
Nepomuceno Roca de Togores y Carrasco, III Conde de Pinohermoso,
unos días después, escribe al Señor Obispo
de 0rihuela describiéndole lo que sucedió en
Benejúzar:
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