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En
el siglo XVIII se realizó el primer censo general en
todo España, el censo de Aranda (1769). Hay que destacar
que Benejúzar se encuentra entre los cuatro núcleos
más poblados de toda la comarca en esa época,
sin contar Orihuela: Almoradí con 2382, Benejúzar
con 2212, Callosa de segura con 2787 y Guardamar con 2088 habitantes.
Durante
siglos, la propiedad de la tierra estuvo casi toda en manos
del señor del lugar, que además tenía
todo tipo de atribuciones. La familia Rosell contaba con más
de 500 tahúllas en la huerta de Benejúzar y
300 tahúllas en el campo, además de muchas otras
posesiones.
El principal derecho o facultad de la señoría
era la jurisdiccional, en virtud de la cual los señores
nombraban en los pueblos de su dominio jueces ordinarios y
también escribanos públicos y notarios. En segundo
lugar, la señoría implicaba el dominio eminente
sobre el territorio, por el cual el señor establecía
a sus vasallos un contrato privado de enfiteusis (arriendo)
por el cual éste venía obligado a pagar un canon
anual, en dinero o en especie, o ambas cosas a la vez.
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Por lo
común, el señor se reservaba la explotación
directa de determinados servicios: recaudación de derechos
de circulación (peajes, barcajes, portazgos, etc.),
industrias agrícolas (hornos, molinos, almazaras, lagares)
y servicios públicos (tienda, mesón, etc.)
Por lo que se refiere a la propiedad de la tierra esta situación
no cambió en Benejúzar hasta la década
de 1940-50, cuando D. Carlos de Seoane Cullén, Duque
de Pinohermoso, procede a la venta de gran parte de sus tierras
en Orihuela (1.300 Hectáreas), Daya Vieja (300 Ha)
y en Benejúzar (519 Ha).
27 compradores adquirieron entre 1940 y 1946 los 60 lotes
en los que se dividieron las principales fincas del Duque
(Las Monjas, De Cardona, La Vicaría, La Barraqueta,
El Barracón, Rubes), mientras la finca "Montes
de Benejúzar" fue legada en testamento al Ayuntamiento.
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