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Al pedir permiso al Obispado para celebrar Misa de campaña
pensaron que era conveniente que la imagen de la Virgen estuviese
bajo cubierto y decidieron construir una pequeña ermita
que tenía poco más de cuatro metros cuadrados,
espacio que podía albergar escasamente la imagen de
la Virgen con sus andas, ante la que se improvisó un
pequeño altar para celebrar la primera Misa de campaña.
Por
primera vez la gente se queda a comer en el campo. La Romería
se prolonga durante todo el día y se regresa al pueblo
al atardecer.
Era
el año 1941. De aquella ermita todavía hoy pueden
observarse los once peldaños de la escalinata de acceso,
el portal y un trozo de piso de cemento fino, únicos
restos que quedan de sus ruinas.
Al
año siguiente es mucha la gente que acompaña
a la Virgen en la Romería, a pie, en carros y a caballo.
Los bares del pueblo cerraron sus puertas para trasladarse
al campo, donde provistos de bebidas y viandas colocaron mesas
y sillas bajo grandes toldos de lona que protegían
a los clientes del sol otoñal que en nuestra tierra
es todavía abrasador por estas fechas.
La
ermita construida el año anterior es demasiado pequeña
y deciden construir otra mayor.
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En
1943 se hace realidad la construcci6n de la nueva ermita,
actualmente Santuario en terreno propio de la Hermandad
del Pilar, comprado a Ramón Mira "el tío
Catí" por un total de siete mil pesetas
que se pagaron aplazadas:
cuatro
mil pesetas en 1944 y tres mil pesetas en 1946, según
consta en sendos recibos del archivo parroquial.
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La
Virgen estrena una pequeña corona metálica que
sustituye a la original de madera.
La financiación de todo esto se hace muy costosa y
no bastan los donativos de los benejucenses por lo que se
decide hacer una rifa todos los años y vender las papeletas
por todos los pueblos de la Vega Baja y algunos de la vecina
Huerta Murciana.
Es
de destacar la gran labor realizada durante muchos años
por las rondallas de cuerda y de viento dirigidas por el tío
Tomás y el Eloy, los panaderos, que rivalizaban con
entrega y entusiasmo en poner la mejor nota de alegría
y color en la Romería. Eran muchos los jóvenes
del pueblo que los seguían bailando y cantando al son
de la jota vestidos de mañicos.
Durante
los meses de Septiembre y Octubre salían los domingos
en la mañana, primero en un camión y después
en un autobús que recorría los pueblos vecinos
y eran los mejores propagadores de la Romería al tiempo
que vendían las papeletas de la popular rifa que poco
a poco fueron haciéndose tradicionales en toda la Vega.
Al anochecer regresaban al pueblo, donde la gente los esperaba
con alborozo.
El
Templo Parroquial abría sus puertas de par en par para
dar paso a las rondallas que entraban tocando y bailando al
son de la jota. Ante la imagen de la Pilarica cantaban y bailaban
la última jota del día como ofrenda y acción
de gracias de los mañas benejucenses a su Virgencica.
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